ENTRE MUJERES TE ENCUENTRE EL DIABLO.
SINGLADURA Nro.46
(Maldición gitana que me persigue)
Muchas cosas se suceden a lo largo de los años de travesía de un hombre, los caminos y vericuetos que la vida le presenta, muchos. Y muchas más se elevan como ese vapor de las aguas que nutre las nubes blancas que tanto gustan al budista y distraen las paletas de los pintores de vientos y tempestades. Mi vida es eso, un poco vapor, un poco nube y unas salpicadas de sal, lágrimas de mujer, sangre en las caderas del universo, arrullo de palmares y cadencia del violín. Puede que más, puede ni siquiera ser. La efímera vida nos destella en los ojos cual relámpago de sueños, besos, angustias y calamares que huyen dejando la oscuridad de su tinta en las claras aguas mediterráneas. Todo es nada, la nada lo ocupa todo. Y tus besos se regodean ansiosos aquí en mis noches. Ven a mí, o voy a buscarte por las cavernas del infinito, a perseguirte con mis caricias, a besar el universo sobre tus cabellos. Eres mujer, eso me basta.
Nos gusta por nuestra propia naturaleza a los hombres sentirnos como ese búfalo que embiste a los hermanos y se erige en toro mayor, no importa nuestra propia pequeñez, nunca somo altos ni bajos ante nuestros propios ojos... a menos que estemos equivocados, cosa que no es difícil de concebir. ¿No nacimos acaso del vientre de la mujer?... a menos que comprendamos que al salir de ella y ser tan pequeñitos entre sus brazos no podemos acabar de crecer ante nuestros propios ojos hasta que la veamos de rodilla bajo nuestro dominio. Endiablados que somos nosotros, pensadores cuyos momentos de lucidez se nos pierden entre sus piernas. Por algo así como que el deseo natural de regresar al punto de nuestro origen. Algo así como el exiliado que siempre añora su regreso, como la cabra que siempre tira al monte.
Ella se empeñó en mis besos, difícil tarea. ¿Como podemos detener el viento, nadar entre tus brazos o pintar en el arcoíris?
Me faltas tú.
Las auroras me encuentran siempre de pie junto al sendero; vadear ríos, cruzar montañas, seguir las auras es mi destino.
La tuve en mis brazos, luego a la otra. ¡Maldito seas hombre de hielo! ¿De qué me sirven tus besos si de ti no tengo ni la respiración de los titanes? ¿Por qué no me acompañas en las noches, por qué, por qué no me haces muebles con tus risas, candiles con tus dientes, temblar solo en tus besos? ¿Por qué te quiero tanto si eres brumas, hombre creído si solo eres el aire que inhalan los acordeones del sendero?
Perseguido por el mar de sus preguntas me atormentan sus caricias del recuerdo. La tengo entre mis ansias, la beso en la esperanza ciega de un ¿qué pudo ser?, soy de pobre cieno.
Quieres tener todas las hembras y no puedes domar la brisa. Mi egoísmo es generoso al propio tiempo. No destruyo la fruta, solo la disfruto. No lastimo a voluntad, lastimar es mi castigo. No me mandes al infierno en el yo vivo.
Las guitarras del sendero resuenan en tus mejillas, eres beso, eres mujer. Yo soy aire, vapor de ausencias, no tengo suelo. ¡Maldito seas, hombre de barro! En ti me enredo y de esas mallas nunca eres mío. ¿Qué te hago para que me ames y cierres los ojos al camino? Ven, refúgiate en mis besos, recuesta tu cabeza aquí en mi pecho, yo soy la diosa de tus sueños...
Me lo dices y los boreales de la selva se estremecen. ¡Divino amanecer! He libado el néctar de tus besos que se escapa entre mis labios para herirme directo el corazón; eres mi manta. No te escapes, no me huyas, recuéstate a mi pecho. ¡Ah, reino de las nieblas herejes, te condenarás si me amas! Yo solo soy de espuma.
Nada soy, nada tengo, nada me detienes en el resonar elegido de los dioses sin piedad.
¡Pero eso es impío! Pío es el de allá arriba, yo soy el pan. No, soy tu condena. La madre que me trajo al mundo ahora paga mi condena; me mandas al cielo y allí no me quieren, ¿dónde, entonces hay refugio a mi condena? Frágil pedazo de cristal de un espejo quebradizo mi cuerpo es. ¿Qué te ofrezco, un destello de la luna, un soplo de la brisa matutina, un verso de la escuela del ayer, o un beso que te ponga los sentidos a vibrar? Dímelo tú.
No, yo te entiendo. Si me condenas a vivir en el infierno por andar entre mujeres te comprendo. ¿Perdonarte yo? ¿Cómo puedes creerme con tal poder? Condenado al infierno entre mujeres que saben o no amar, vivo. Ese es mi sino. No, no es que soy el vencedor de la batalla de los sexos, no; solo soy aquel que nunca supo comprender que amar a tantas es solo no amar a una... puedo entender... No, a veces no.
Fue aquella gitana del vertedero, sí, aquella misma. De paso por mi vida la encontré. Su pobreza me anunciaba soledad, le di mi brazo. Besarme quiso, y embrujarme. Mas, cual pobre salamandra inútil viajó y la dejé allá en su lío. ¡Mardita tu suerte marino! Mi risa no fue de insulto, fue de increencia. "Mardita tu suerte, marino!" Me repetía. Mientras la brisa llenó las velas de mi nave.
Y desde el muelle ella me miraba y yo sin comprender como se hace para sacar del lodo un diamante y luego ser maldecido por él. No sé, no entiendo, no se fingir. No era mi tiempo.
Sopló la ventolina dulce del amanecer y me sentí muy cerca de tus labios, que no he visto. La ilusión es mi constante, velas al viento. Ella me maldijo. Enrique me ofreció once mil, y esta gitana me quiere matar sin una. Me condenan los diablos tenebrosos a vivir sin tu sonrisa. ¿Qué has hecho de mí? ¿Qué me haces? Prisionero soy de tus caricias y no tengo para el mundo ni un pañuelo. Ven, ven, aunque sea solo un momento. Las guardianas del templo del infierno esperan para arrestarme. Tal vez solo en tu regazo encuentre besos, calor y mis pupilas. Nada tengo que ofrecerte solo caricias. Poco cuestan, leve inversión de mis adentros para el tuyo, pero si me dejas decírtelo al oído, un millar de paladares necesarios serían para libar en tus labios la miel de mis tormentosas alegrías. ¡Cuan poco puedo, soy tan no sé si frágil ala de la mariposa, soplo gentil del calor de tus miradas o el agua que destilan sobre los cafetales las alondras!
Entre mujeres y el diablo has dicho, no, esto es el infierno que me abraza tratando de robarme al paraíso de tus amores sin cesar. Dame tus besos, mañana es tarde, ayer ya no es, sola y conmigo todo es placer. Sombras no hay entre las nieves, yo soy de hielo, de sol y mar, de las tinieblas salió mi luz y esa me la dio el señor.
Cierra tu noche, corta el ayer, vive en mis horas que muy cortas son. Pero cortas o largas para ti solita son. Deja que luego me condenen a las mazmorras profundas del infierno, ya la gitana hace largo tiempo por su rencor me sentenció. Y las aguas de siete mares no logran sanar la herida que en el pecho llevo. Tal vez tus besos hagan el milagro...bésame en silencio, y duerme junto a la ventana mirando al mar. Allí en esas olas fieras, como en la sutil estrella que nos mira desde arriba está mi alma esperando por tus besos.
Sálvame del fuego que consume mis humildes poemas y mis besos que deben ser tuyos pero queman. Nada soy, te lo prometo. Poema de luces en la madrugada te espero en los primeros rayos del amanecer.
Gilberto Rodríguez
Miami-Fla..USA
2010-04-26
xxxxxxxx
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