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EL BANQUETE INCONCLUSO SINGLADURA NR.41

 

EL BANQUETE INCONCLUSO

SINGLADURA NR.41



Cuando aquel tiburón regresó por tercera vez, ya no venía de visita social, el olor de la sangre destilando por la borda del bote era una atractiva tentación, y no es que volviera solo, no; ahora trajo a toda su familia. Si al mirarlas daba ganas de reír con ellos, ¡qué felices se veían! Así, abriendo y cerrando sus blancas telitas como sabanas de camitas de las muñecas de Bartolita...

 

A veces he pensado que, si yo fuera tiburón en lugar de caerle antipático a los marinos con esos ataques brutales y exhibiendo dientes amarillos, yo usaria un buen dentífrico y me compraría una aspiradora eléctrica sumergible. Me acostaba en el fondo en alguna playa bien concurrida, sin hacer movimiento alguno en el agua y desde alli simplemente aspiraba las que más… bueno.

 

La verdad es que el tipo estaba impresionante.

¡Que dentadura!

El hombre sangraba profusamente del brazo. Parece que cuando el motor de su bote hizo explosión se lo corto casi en redondo y ahi colgaba abierto.

 

Medio llenos de agua, el motor roto, la orquesta de las olas chiflando, los tiburones danzando y nosotros alistándonos para servirles de almuerzo. ¡Olé criollos!

 

¡A ver, tú, dientudo! ¿Con qué me quieres sazonado, limón, vino seco?... Ten paciencia que no hemos podido prender la candela. Asi en frio no tengo muy buen sabor. Eché una mirada al horizonte... y suspiré. Poco nos queda.

 

Le arranqué una manga a mi camisa y le apliqué un torniquete al brazo del pobre hombre. -Me llamo...me...lla....m..mm... Se nos va.

-Se nos fue.

-¿Qué hacemos con este?

-¿Qué crees tú que podemos hacer?...

-Pero, ¿tan pronto?...

-Pronto fué el dia que salimos del puerto... ahora ya es tarde.

-¡Pero lo van devorar....!

-¡NOS!

-¿Qué?

-Es él ahora y nosotros tal vez luego. O él luego y todos juntos con él. Nuestra elección. Aqui hay democracia tiburonil.

-¡Tú no tienes sangre en las venas, tienes horchata!

-No, todavia tengo sangre y mucha, pero quiero mantenerla bien calentita para que esos tiburones no se indigesten cuando llegue mi turno... y el tuyo.

 

Rojas las aguas revueltas, roja la espuma, y rojos los cuadernos del alma en que se me inscribía otra muerte... yo que nací para amar.

 

Aquellos amigos de los dientes filosos se alejaron felices luego de concluido el banquete.

 

Dos dias más tardes el viento cambiaba y nos tiró por un arenal desierto. -¿Cuántos quedamos?

-Seis.

-¿De diez que salimos y dos que rescatamos?

-Así es.

-¡Pobres tiburones, no pudieron terminar la cena!

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Florida..USA

2010-03-22

 

 

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ESTE SOY YO . SINGLADURA 40

 

ESTE SOY YO

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SINGLADURA 40




 

Un día nací bajo la lluvia dentro de un auto en la carretera, que solo era una vereda de lodo y caña de azúcar pasada la medianoche. Mi madre una casi niña, mi padre un soldado, el chofer un pintor que devoraba cigarrillo tras cigarrillo y una este, comadrona mulata, bella y muy gorda. Y para colmo, bajo el signo de Acuario, más no se puede pedir. Fue mi madre una hija de gallego y asturiana con una belleza sin par, una risa enloquecedora y un temperamento nuclear. Mi padre el guajiro poblano nieto de vascos, poeta, trovador, mujeriego, músico y generoso hasta la ofensa. "Tienes pasta en la sangre", le decía mi madre, eres tan gentil y sin embargo pocas veces te exaltas. De ellos nací.

 

Mi padre tenia solo dos cortos añitos cuando los "voluntarios", una suerte de milicianos nativos cubanos que peleaban contra Cuba en la Guerra de la Independencia cubana, lo asesinaron al momento de sentarse a cenar con mi padre en sus brazos. Había cometido el grave error de salir de la manigua para ver a sus tres hijitos y su mujer. Error que ningún militar está llamado a cometer y un guerrillero mucho menos. La guerra me robó mi abuelo. Y años más tarde otra guerrita, me robó el otro abuelo. Ese fue parte de mi costo por la Independencia de Cuba al separarse del reino español.

 

A los nueve años ya recibí un balazo en mi pequeña piernita por estar llevando armas a los criollos que se alzaban en armas contra el presidente dictador Gerardo Machado y Morales. Algo aprendí, los hombres me acogieron como uno más. Y crecí en unos meses, nunca fui niño, no tuve oportunidad de serlo. Hambre, carboneras, caminos, aprendizajes, trabajos, competí con los adultos para ganar el pan. Y aprendí otro poquito, aprendí a pescar, bucear, cortar ostiones, carpintería fina, escultura y tallado en madera y hojalatería. Y luego en la fragua reparando locomotoras y barcos en puerto con la mandarria o aguantando una barra de hierro sólido para que los dos mandarrieros golpearan contra mis hombros donde ese hierro pesaba veinte libras. De ahí fui a trabajar como remero en al mar en la pesca del palangre, el niño hace el trabajo duro, el adulto la sabiduría.

 

Salí a rodar por la isla y corté caña, sembré café, manejé una arria de veinte y dos mulas de montaña. Vendí por las calles y leía a menudo lo que en mi camino hallara. Leía filosofía, artes, letras, ciencias, porquerías, nada era vedado. Y tuve mujeres antes de mi tiempo.

 

En mi primera escuela estuve solo 28 días. Del primero al sexto grados, no más. Mi padre me enseñó a leer libros de mística, mitología, música y el periódico diario, aunque no podía yo comprarlo. Pero lo leía en la tienda gracias al chino bodeguero de la esquina. Y pensaba en política, en economía, en los ideales que pueden mejorar al menos un poquito al hombre y a las posibilidades de convertir cada gramo de sudor de los pobres en una rica industria para el bienestar de la patria y el pueblo.

Que en Cuba, a mi modo de ver, siempre se pudo y aunque algo se hizo, poco provecho nos dio.

 

-¿Qué quieres tú ser?

 

-¿Abogado, juez, senador?, (mi primera ambición real, pensando en Roma) y llegar un día a ser el mejor presidente que este país jamás de ver.

 

-Hijo, sueñas muy lindo, pero esas cosas están reservadas para los hijos de ricos, poderosos y altos militares. Nosotros somos muy pobres y tu padre empieza a perder salud a estas alturas.

 

-¡No, Cuca! (QEPD), no, a los hijos de los poderosos se lo ponen en la mano. Pero yo pienso que si uno lo lucha de verdad lo puede un día lograr. Por lo menos yo voy a tratar de hacerlo. Y me faltaron los recursos económicos, pero nada me impidió caminar.

 

He tenido gustos de príncipe y bolsillo de mendigo, pero salí, luché, egresé de institutos de altos estudios y culturales donde muchos de esos mismos hijos de poderoso entrar jamás pudieron; a veces también le he enseñado. Cuelgan de mis paredes muchos papeles y pieles de chivo. Colecté cicatrices y metales de colgaleja...

 

También aprendí algunas cosas, ayudé a cambiar algunos regímenes de otros países y pagué caros mis esfuerzos por los menos poderosos en más de una ocasión. Me han elevado al respeto y pateado como a perro con sarna también a veces. Da igual. Sigo siendo yo; tengo mis ideas intactas.

 

He probado todos los gustos, hábitos, empleos, bondades, trampas, emociones, filosofías, religiones y he hurgado en los más escondidos rincones del cerebro humano. Con nada me quedo. Según aprendo a manejarlo lo dejo y sigo. Quiero saber más, conocer mas, leer el pensamiento. Sobre todo soy muy ingenuo, lo admito. Necesito aprender.

 

Templos secretos, altos, y cuevas anduve y busqué a Dios por todas partes, también me colgaron algo de ellos en la pared. Ya hoy está todo en cajones y muchos camino de la basura. Yo nada uso. Yo no uso los nombres de los que fueron o los que hicieron. De poco le importa a un padre cuyo niño muere de hambre o enfermedad que hagan un rezo, que le digan que por aquellos tiempos andaba por la tierra un idiota que sanaba las llagas de las patas de las culebras. Dime que haces hoy por tu semejante y si lo has de hacer, hazlo ya, no me lo anuncies. Ese niño tiene hambre, dale de comer y sigue tu camino. No me digas que tienes que esperar a que un Dios venga y otro te lo de, porque se te muere la criatura.

 

-No tengo capital. Un profesor universitario cuyas oficinas alquilé una vez me dijo con desprecio visible en su voz, este fue de uno el cual había llegado a este país a acumular dinero rápidamente, y lo hizo, claro que sí.

 

-Señor, todos lo respetan, lo elevan, lo quieren y lo buscan por sus consejos.

 

-Si usted es tan sabio, ¿por qué no se ha hecho rico ya con los años que lleva en este país?

 

-¡Ay amigo mío, no crea usted, yo soy un hombre inmensamente rico! Yo no necesito capital, yo solo necesito mi yo interno limpio para caminar. Nunca me habló otra vez.

 

Pero ni libros, ni escuelas ni templos ni el teatro, ni ninguno de los bienes que disfruta la sociedad me domina. Vivo con y sin ellos, no por ellos. No he aprendido nada de envidias, de odios, de rencores, ni soy enemigo de nadie. Solo se amar. Y cuando por mis manos pasaron capitales, que han pasado por ahí por los rincones más tristes del camino se quedaron. Visto decentemente pero no acepto ni una corbata ni una invitación a cenar. Lo que uso o tomo lo pago y si no lo puedo pagar, tranquilamente sigo el camino cantando.

 

He hecho un poquito por los míos poco pude hacer. El tiempo como las voladoras del tren me pasa por encima. Llega pronto el final. Hice algo de lo que soñé, mucho no, también hice cosas que nunca hubiera soñado. Y hay tres o cuatro que aun me quieren y escuchan. Pero cuando escribo historia o futuro, me aguarda el silencio. Soy el payaso que salió a la escena, trató de decir sus chistes de rutina que la audiencia por tiempos se conocía, esperando un aplauso y solo recibió una rechifla. Me gusta siempre hallar esa filosofía simple de la música de los pueblos que tanto enriquece la conciencia...

 

"...y cundo nadie escuche

mis canciones ya viejas,

detendré mi camino

en un pueblo lejano

y allí moriré..."

 

Pocos me leen. Cuando escribo en serio a pocos les interesa, a pesar de que son las mismas personas las que me piden que escriba sobre mi vida, la historia las luchas de los pueblos y de los hombres. Pocos me leen.

 

Apelo en silencio al cursi recurso de querer hablar de amor. ¡Qué diablos se yo de amor...! Me trae mucho calor, muchas nuevas amistades, muchas voces de mujeres que aman y que sueñan y que se sienten como el último peldaño de la escalera. Yo venero, respeto, amo y trato de proteger a la mujer. A la mujer en plural, suya, mía, del sol.

 

¿Puedo y debo quejarme si no leen mis escritos? No. En absoluto; no. La libertad es derecho absoluto de expresarse, de escuchar y de no escuchar también. Mañana será otro día.

 

Nadie puede obligarme a mí. Yo no exijo a los demás que hagan o acepten lo que yo no quiero para mi. Un día partiré, no solo no logré mis sueños, no llegué si no que todo lo empeñé, todos los huevos los puse en una sola cesta y la cesta se rompió.

 

Y mientras tanto la tierra de mis sueños y mis amores es más pobre y miserable hoy que el día en que yo nací.

 

Mañana volará una paloma blanca sobre los tejados rojos, el cielo se vestirá de azul y la nube blanca le dará tonos de mar. Por las laderas de la montaña volarán melodías de una guitarra lejana y tal vez algún perro sarnoso orinará sobre mis huesos emblanquecidos por la lluvia y el sol junto con los del tirano, la puta y el adulador... y el mundo seguirá girando, aunque yo pasé por allí.

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Florida..USA

2010-04-01

 

 

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POR EL AMOR DE UNA MUJER. Singladura Nr.38

 

POR EL AMOR DE UNA MUJER.

Singladura Nr.38

 



Los hombres viven y muchos matan, se escriben historias, se mueve la tierra, se crean fantasías. Todo el camino que andamos está poblado de hombres buscando mujeres... y eso los lleva a pensar y creer que aman. Y se inventan las más bellas fantasías y se cantan loas a la vida y se elevan columnas de humo de los millares de fuegos que se prenden dentro y encima de las almas. Aman a las rocas, las aves, los peces, y las corrientes. Y aman hasta los remaches que unen las planchas del fondo de las naves. Se apretujan, se abrazan, se unen y de esos amores procrean las hembras. De ahí también se va por un tortuoso camino a la procreación para que nunca mueran las razas. No porque nadie quiera, que si doliera "hacer el amor", como duele el parto o la artritis nadie tendría vástagos ni retoños, la vida se detendría. Eso que llamamos amor hace de nosotros unos reclamantes de la carne, pese al costo algunas veces.

 

Por su propia naturaleza el macho de las especies procura la hembra, no siempre se enamora, es una bestia con instintos de posesión y deseos pasajeros. Puede pasar por al fango, se lava los tobillos y sigue el camino, muchas hembras son así también. El hombre oye, ve o se inspira y las desea. Métodos mil inventa para conquistar su posesión y muchos hay que nunca lograron acostar una en su lecho. A otros tocan más, muchos van por el camino derrochando oro y piedras preciosas, pinturas y luces colorinezcas para deslumbrarlas y llevarlas a su cama, y eso es natural. También es natural que una vez saciado el deseo momentáneo, un día, un mes, un siglo, los caballos se marchan a los campos. Y a pastar otra vez.

 

De todo hay, dicen, "en la viña del Señor." El hombre inventa para dominar, la mujer inventa para poseer; ella necesita raíces y llega a pensar que necesita protección porque el hombre le dijo que ella era débil y eso lo creyó para no contrariarlo. Ellas nos hacen dioses, y por ser dioses las esclavizamos, abusamos y usamos sin piedad, ni compasión, que de eso también hay mucho. Yo no sé nada de amor.

 

Yo solo sé que alguna vez pasé por estos senderos del valle de la vida. Unas calmaron mi sed, otras me dijeron una palabra o secaron mi frente al verme en silencio pasar por el callejón de sus existencias con al alma herida y el corazón sangrando. A la que me ofreció sus caricias le devolví lo poco que pude de mí, y como siempre, quedé en deuda porque siempre me dieron más de lo yo supe dar. Cargo en las alforjas de mis recuerdos, los más puros sentimientos para cada una. Nunca me he peleado con una mujer. Donde amor me dieron, amor conservo.

 

Sigo amando a las que me dieron el fruto de sus vientres, a la que sacrificó su familia entera y fortuna por amarme, a la que me dio unos minutos de su cuerpo y a la que me enseñó los primeros besos en una cama. Las amo, sí, y sé que es amor lo que siento, porque ya dejaron de existir, o de estar presentes en algún horizonte de mis distancias, o ser algo que yo pueda tocar. Así las amo. Y algún encuentro después de muchos años me ha dicho, aún te quiero. Pobre de mí, pobres de ellas.

¿Qué soy? Nada, menos que nada. En esas palabras hubo dolor. Yo lo causé, soy culpable por eso.

 

Muchas espinas hay en los cactos de mi camino, quien a mí se acerca sufre. Yo soy eso, un globo de esos que los niños elevan llenito de aire por placer y que acaban en el suelo pisoteados por esos mismos niños, porque las espinas les lastimaron sus carnes. Y me enamoro a menudo, no sabría vivir sin un nuevo amor a cada vuelta de la esquina... pero también viví enamorado de las auroras boreales... pura ilusión. Mañana has niebla. Y cuando las naves atraviesan las nieblas tiene que ir sonando campanas y cornetas para aturdir al que enfrentan porque al no verse con pura luz, pueden daños causar. Yo he navegado en muchos mares. Pero en el mar también hay erizos que tienen muchas y muy crueles espinas. ¿Acaso lastimo a una mujer al advertirle que los arrecifes de la entrada del puerto, y del puerto mismo, hacia donde dirige su nave, son peligrosos? No lo sé. En el amor, cuando se da puro, hay muchas cosas que hieren más que en la realidad fantaseada. Yo he navegado por muchos océanos.

 

¿Me gustan las mujeres? ¡Mucho!

 

¿Las he amado y amo? ¡Si!

 

Pero no estoy escribiendo estas notas absurdas para dármelas de don Juan. ¡Dios me salve!, no, escribo para decir una sola cosa.

"No te enamores de mí"

 

Solo mirar hacia el frente nos muestra como los hombres buscan, persiguen, prometen, piden, ruegan, y usan de todos los artilugios y subterfugios a que puedan para ganar acceso, para "conquistar" la hembra, para llevarla al colchón, para pasar un momento. Yo no soy santo. No soy diferente, pero me duele lastimar. Y yo soy un ave en eterno vuelo. Mis intereses, mis ideales, mis experiencias, mi búsqueda, mi oriente me llevan en pos de un destino. Muchos aun sin darse cuentan desean lo mismo que yo. Lo mío es sublime obsesión. Todo lo demás es pasajero.

Pregunté a una mujer, -¿Por qué ahora conmigo?

 

-Porque hoy por hoy eres el más perseguido, por eso.

 

-Estar en este instante junto a mi puede costarte la vida.

 

-Mi vida es tuya.

 

¿Qué derechos tenía yo?

 

Yo soy más de una persona. En mí reside el guerrero. Frío, fuerte, duro, avanza y mata. Y junto a este guerrero viaja un pequeño diablito que piensa en verso, canta en los valles y analiza la vida para hacerla mejor con su propia filosofía, aunque acepta todas de los demás. ¿Qué soy? Aún no lo sé.

 

Solo sé que todas las que le han amado han sufrido.

Pero siempre vinieron a mí, yo nunca llamé, yo nunca llamo. Yo nunca llamo porque el destino me ha enseñado que todo lo que toco con mis dedos se rompe, todas las que me han amado han sufrido por ello... y me duele causar dolor a quien amo.

 

Tal vez en algún rincón de mis otras encarnaciones yo fui un ángel de fuegos, de infiernos, de crueldades y me enviaron a la tierra a purgar mis pecados. No sé, solo sé que estoy pagando y me duele que otros paguen por mí.

 

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2010-04-29

 

 

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Olvídala ya, la vida sigue. Singladura Nro. 37

 

Olvídala ya, la vida sigue.

Singladura Nro. 37





Hace un rato pensaba yo en un cierto aspecto de la vida de aquellos que aman una vez y no conciben la vida sin ese amor, aun cuando todo le indique, le diga, le grite a la cara que lo que fue ya no es, que lo que hubo para él ya dejó de existir, que los muertos no salen de sus sepulturas a devolver caricias... Que un amor... muerto, alejado, vencido por cualesquiera razones, es tal vez una cicatriz duradera o hasta una herida abierta, pero que nunca volverá a lo que fue ayer. Y esas personas así, sufren y causan penas y dolores a la persona que amaron, y que ya no les pertenece. El barco que no eleva el ancla cuando la tormenta abate, se hunde bajo su propia cadena atado a la roca del fondo.

 

Si ya pasó ese temporal, iza tus velas y sale a navegar, hay muchos puertos en el mundo. Nadie te impide vivir, amar y buscar nuevos amores, placeres y felicidad. Pero lo que ayer tuviste por tuyo ajeno ya es. ¡Aprende a vivir, aprende a liberarte de tus propios destinos! ¿Fue tuyo el mor por largo tiempo? Bien, sea. Ver más de ese punto es inútil, sigue tu camino, mira hacia otros horizontes, en este puerto hay anclada otra nave y no queda capacidad para más.

 

Mira a tu alrededor, más claro el camino no lo verás, la vida es cadena, ayer tú, hoy yo, y habrá un mañana en que sale el sol también. Recoge tus velas, guarda tus anclas, ahorra tu combustible y tu luz, la vida es corta, retírate ya.

 


Es curioso, escribí y publiqué esas líneas y al rato recibí este comentario de una amiga muy querida.

 

…Mi don, siempre tienes la palabra precisa y el consejo oportuno, nada más cierto que lo que dices. La cicatriz queda para siempre, y muchas veces, aunque queramos evitarlo, el pensamiento corre o vuela hasta donde nosotros no podemos llegar, quizás una tumba perdida en medio de una llanura desconocida para todos, pero con yerba siempre verde porque esta regada por lágrimas…

 

Sonia C Martínez

 

 

Si, la vida sigue, pero el recuerdo es eterno.

 

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2010-09-12

 

 

 

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Cada amanecer Singladura Nro. 36

 

Cada amanecer


Singladura Nro. 36




Le conocí desde muy temprano en mis días, calmado, sutil, sereno. La imagen del lago en medio de las arboledas en verano. Sus ojos eran negros, serenos como esas aguas y brillaban con amor cuando miraba sin jamás mostrar una gota de cólera. Actuaba despacio y sin embargo constante. Me enseñó a caminar con un ritmo decidido y sereno que nos permite andar decenas de kilómetros sin cansancio, pese a quien se nos una en el camino puede que deje el hígado en el empeño. Así era él.

 

A veces me decía cosas que necesité muchos años para digerir, pero siempre en sus palabras hubo una como poesía filosófica sencilla como era él. Mi papá no necesitaba mucho, pedía menos mientras luchaba por más para los que le rodeaban.

 

Sembraba sus rosales. Una mañana, habiendo recibido el día anterior unas tres o cuatro pequeñas plantas de rosas, de esas que llaman "Príncipe Negro", que son de un rojo tan oscuro y profundo que no puedes quitarle vista una vez que andan cerca y cuyo perfume dura en el ambiente varios días. Las sembraba alrededor de nuestro bohío de guano cercano al "plan" donde se quemaba el carbón de mangle que hacíamos para ganar el boniato de cada día, ese día, digo mi padre era feliz.

 

Me levanté muy tempranito, como siempre lo hice, como lo hago todos los días y con mis ojitos llenos de lagañas aún, me fui a su lado. Me saludó y siguió en su tarea. Cantaba en voz muy baja para no molestar a los que dormían. Mi padre nunca molestaba el sueño de los otros. Jamás hacía ruidos. Revisaba cada raíz y le hablaba; volteaba la plantita en todas las direcciones del compás y no descuidaba la más leve de sus espinas. "Sus guardianes protectores de perfume y color", decía. Pasaba un señor. ¡Hola, Pererita! Era un anciano amigo de la familia, creo que fue compañero de armas de mi difundo abuelo en la Guerra de Independencia que aún vivía y seguir llamando a mi padre por el apodo que les daban a él y a sus dos hermanos mayores, Pereritas, por su apellido, Perera. A mí me lo llaman a veces y creo que me provoca una cierta nostálgica ternura. Esa es mi única capacidad para la nostalgia que tan explotada es hoy.

 

¿Qué haces, Marino? Siembra un rosal. ¡Ay muchacho, como te pareces a tu padre! Y siguió el anciano su camino a puras penas por la joroba de su espalda desgastada por los embates de las olas.

 

-Papá, ¿por qué te alegran tanto las rosas?

 

-¿No es verdad que son bellas?

 

-A mí me gustan.

 

-Pues mira hijo, ya viste a Don Pedro. Ese viejito fue amigo de mi padre, de mi papá que dios me negó y no pude conocer aunque murió conmigo en sus brazos. Trágicos recuerdos que me acosan desde antes de nacer. Hay ocasiones en que hablo mucho de amigos. El mejor amigo de mi abuelo se hizo miembro de los "voluntarios", cubanos que peleaban voluntariamente contra sus propios conterráneos en favor de la cruel dominación española fue quien lo asesinó. Mi abuelo cometió ese terrible error de los hombres que van a las guerras y tratan de conservar y cultivar el amor de sus familias. Y ese abuelo vino a ver a sus tres hijos y esposa. Mi padre era el menor, apenas dos añitos. No hablemos mucho de amigos, que los hay buenos también. Su mejor amigo, tenía derecho de saber por dónde andaba mi abuelo. En la confianza está el peligro. El mejor amigo de mi abuelo, me lo robó muchos años antes de que mi padre me trajera al mundo.

 

-Don Pedro nunca nos traicionó. Hay amigos buenos. Y siguió el cultivo de las rosas.

 

Unos años más tarde pasaba yo un verano en casa de mi tío abuelo paterno "Manuelito" Perera allá en ese querido pueblito, San Diego del Valle, donde pude ver algo de lo que era mi familia antes de que este hijo de Ángel Castro la destruyera. Yo era menor, unos trece años, y el hijo menor del tío, un hombre casado y con tres hijos, me llevaba con él a todas partes. Salimos del cine algo tarde. La luna era llena y bañaba esos campos sembrados de tabaco que se extendían por sendas caballerías.

 

-¡Mira, escucha en silencio! Miré, escuché, agucé el oído.

 

Allí, entre las largas filas de plantas, un hombre hablaba con las plantas casi maduras de tabaco. Les acariciaba pasando su mano por debajo de las hojas, de abajo hacia arriba con caricias de seda pura, terminado la caricia con esos pétalos de gloria besando su rostro. Rebozando de orgullo, me dijo el pariente, "ese es mi padre, tu tío."

 

Papá, sin mirar hacia mí, mientras introducía una matita en la tierra y le echaba un poquito de agua del jarrito que allí tenía lleno, me dijo: -Yo quisiera todos y cada día, hijo, sembrar una rosa, y conocer a un hombre. Así era mi padre. Así me enseñó. Su propia filosofía, no la he conocido mejor.

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2010.04-14

 

 

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ESPUMAS DEL MAR SOY. Singladura Nr. 35

 

ESPUMAS DEL MAR SOY.

Singladura Nr. 35




Amaneces. Sé que estás ahí, sé que eres tú. Diosa, virgen, o sirvienta, mujer eres. Yo solo, espuma soy.

 

Por las rendijas de un soleado amanecer me miro en tus ojos extrañados ¿Es un nuevo día, un nuevo amanecer o eres tú que me deslumbras? Me da igual, estás ahí.

 

¿Quién eres tú? ¿Mi mujer, su mujer, diosa del cielo? Yo te veo, transparente a la luz de este semioscuro amanecer, vas con la brisa. La aurora se detuvo ante tus pies. ¿Por mí? ¿Sabes amar?

 

El agua que se desliza por las quebraduras de la montaña es mi sangre que corre a ser rocío. La rosa necesita su gotita. Yo no sé de diluvios solo el de besos que te pido. ¿Me amarás? Tal vez.

 

Yo soy el mago de los montes, el fauno que deambula entras las ramas, soy el ruiseñor que te deleita en las horas de las brisas matutinas, oculto entre las ramas del cafeto. La montaña me inspira, está más alta cada vez, allí resides tú. Alta, mas no altanera, dulce, pero con suerte de arlequines que se suben a la escena. Hoy soy de ti. Mañana los vientos me destruyen, el corazón es de merengue.

 

Forma mi mente ciertas sedas tejidas por gusanos resplendentes que solo residen en mi ser, y te visto en mis sentidos de oros, porcelanas, esmeraldas y rubí. Y sobre las arenas del desierto se crear para ti un oasis, un remanso, un océano, un pastel. ¿Dulce?

 

Tal vez. Las espumas de las pequeñas olitas que mis sueños te preparan allí en las orillas de ese mar, son solo globitos, burbujitas, juguetonas doncellas de la primera sonrojé. Pasajeras son. La quimera es fugaz, el amor eterno, el beso es solo un sello con la llave de mi corazón. No se guardarlo. Tómalo en tus manos, es de ti.

 

Cuando la tormenta amaine sobre el litoral de mi vida tal vez quede varado el bote en que navego. Un remo roto, una boya desprendida, el puerto está en la lluvia y sus canales apuntan solo al muelle de tus senos. Mira bien. Transeúntes milongueros le cantan al sinsonte, pero el amor que nace de mi corazón te canta solo a ti.

 

Cuida que las espumas no se quiebren al llegar hasta tus sienes, la brisa tiende a sacudir las burbujitas y con humildad mi fe resiste la humedad de que dan las aguas de la burbuja que se abriera al nacer tú, y tomar tu nombre. ¿Qué puedo hacer para tenerte?

 

La verdad del porvenir está en tus besos, pero la espuma que has visto aquí en la playa, pasajera es, disfrútala en caliente. No importa que el gigante de las nieves mañana su planta grande y dura nos traerá, de hielo y tierra hecha está la amante, barro el hombre está. Unión de picachos en los fondos que hunden barcos a veces al pasar, son los mismo que indican desde lejos, espumajes blancos lanzando al firmamento que allí la delicia del color, la ilusión de su blancura, y el fresco palpitar de las corrientes en sí llevan mis anhelos, riesgosos de vararse la nave sin tu amor, al tiempo que ofreciéndome en sus olas, un remanso en medio del temporal.

 

 

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2010-04-24

 

 

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LA PROFECÍA DE MI MUERTE Singladura Nro.34

 

LA PROFECÍA DE MI MUERTE

Singladura Nro.34

 



Este es un recuento curioso para aquellos que aceptan lo que dicen los adivinadores con todo género de fe. Las coincidencias de estas profecías sobre mi futura muerte esas dos veces, una en la niñez en Cuba y una en la guerra en Italia, realmente constituyen parte del género de la fecunda cosecha de creyentes que aumenta a cada paso. De modo que leerlo, por favor, mire que hoy no es mi cumpleaños, lo dejo ahí, solo por el valor de la narración…

 

 

Un día dije:

 

HOY, 23 DE ENERO, CUMPLO 88 AÑOS.

 

Nada especial para uno que llega con relativa salud, muchos bríos, fuerzas suficientes para seguir ejerciendo su profesión y competir en el mundo legal, profesional y académico de los jóvenes... y disfrutarlo.

 

Nada raro hasta ahí. Lo curioso de mi caso es que esta es la cuarta vez que se cumple la profecía de que voy a morir a los 22. Porque creo que cuatro veces 22 suman 88. ¿No? Pues bien, esto por obligación me devuelve a mi pueblito querido de La Isabela... y a una de tantas supersticiones o cosas de esas.

 

Todos los días venía de Sagua a las 5:00 am., con una grandísima caja llena de dulces para vender por las calles y muelles, el Chino Julio. Como era pariente de un chino casado con una parienta de mi mamá, Julio era punto fijo a la hora de almorzar a mi casa. Hasta ahí lo único extraordinario es que nosotros, los chicos, nos banqueteábamos con su generosidad. Pero, la historia de la Isabela es rica en su folclor. Y ya saben ustedes que yo escribo Las Estampas y otras historias de nuestro terruño, siempre puramente de mis recuerdos, del fondo de mis memorias personales. Esta es una de ellas. Una verdad absoluta que carga mi alma y que siempre me ha causado dudas sobre la capacidad humana para leer y o entender el destino y ver hacia el futuro.

 

Julio no era conocido ni como vidente, ni como nada que tuviera que ver con misterios y adivinanzas, pero llegó un día en que vino desde Sagua más temprano que de costumbre y fue corriendo a casa de un estibador que creo recordar se llamaba Andresito Valencia, el cual iba a salir en ese momento para el muelle a trabajar en la carga de un barco azucarero. Con excesiva vehemencia el chino trató de impedir que el joven estibador fuera al trabajo ese día: "Tú va muele hoy; no va trabajo. "Incrédulos, Valencia, como buen "isleño", se molestó con el chino y casi lo echa a patadas de su puerta. "Condenao chino, pájaro de mal agüero." Valencia fue al barco, tocó la campana, izaron el amante y el penol, elevaron los primeros doce sacos de azúcar por el aire y alinearon la lingada con el sitio donde debía bajar hasta el fondo profundo de la bodega del barco. Y de pronto, ¡Saz! Se rompe la soga llamada "linga" que sostenía los sacos en un haz, y los doce sacos caen encima de Valencia. Muere Andresito Valencia. Horrorizado el pueblo y el Chino Julio es maldecido por el pueblo como hijo de Satanás, el diablo mismo.

 

Varios meses pasaron antes de que el pobre chino volviera a la Isabela. No sin que antes "un espíritu, una noche, haya ido, encubierto en las brumas de la noche, a la hortaliza donde vivían varios chinos, y apenas si matan a Julio de una brutal paliza.


Vaya santo espíritu...

 

Bien, tenía yo unos ocho años o nueve, cuando el chino, que ahora se veía asediado por gentes que creían que él tenía poderes especiales, aunque él siempre se negaba, un día, como a las once la mañana llega a nuestra casa, como acostumbraba, a "pegar la gorra" y yo me paré junto a su caja de dulces, ahora asentada sobre aquellas crucetas que él tenía de pedestal, cuando, juntando los dedos índice y pulgar derechos, los pasa por el centro de mi frente, mira al sol, y llama a mi madre con un tono que yo antes no le había visto: No sé si era misterioso o preocupado seriamente.

 

-"Nina", "Nina", tú cuidal mucho este muchacho."

 

-"¿Por qué?"

 

-"Mimito día que cumple 22, se muele tu hijo."

 

Mi madre era una pichona de gallegos con unas expresiones bastante generosas y yo me tuve que tapar los oídos.

 

Los tiempos pasan y las profecías, a menos que sean de Nostradamus, se olvidan. Y yo me fui a la Guerra por el mundo. Pero, ay, amigos lectores, cuantos recuerdos me trae el nombre de Génova. Apenas unos tres o cuatro meses antes de mis 22, una noche que visito, por invitación de unas chicas universitarias a una poderosa familia cuyo padre había muerto durante la Guerra, pero no peleando, y su inmensamente gorda viuda seguía la costumbre de las fiestas familiares aún bajo las balas, además, eran de "Alta alcurnia", como dicen, y después de una opípara cena donde había unas 24 personas todas más jóvenes que la anfitriona, tía de una de las chicas o madrina, no sé bien; pero que era adepta a la adivinación como creencia o no sé bien yo que dijo, ahora, vamos, chicos que le voy a leer las cartas de la baraja. Ah, divertido. Bueno, no tanto. Al menos yo, tuve unos placeres mezclados con susto. Resulta que la buena mujer, al leer mis cartas, se ve preocupada.

 

-"¿Qué pasa?" "¡Dame tu mano!"

 

-"¡Dio, Dio, non p..."

 

-"Te quedan cuatro meses de vida, hijo mío, las cartas lo dicen, tu mano también." Con delicadeza retiro mi mano, me despido mientras al unísono me decían todos, ¡suerte!, y me invitan a que regrese pronto.

 

Recordemos que yo estaba en Italia en plena Segunda Guerra Mundial y en los servicios en que yo andaba, uno moría a cada instante.

 

Mucho vino pasaría por mi garganta, muchas ansias de conquistar faldas se aceleraron mas allá de lo que un hombre normalmente busca a esa edad y bajo las circunstancias de la vida en ese instante. Y si digo, aquí no estuve preocupado, mentiría.

 

Mi vida siguiendo su curso, como las aguas de la lluvia siguió regando los sembrados, las nevadas enfriaron algunos trineos, y los años acumularon arrugas sobre mis sienes. Las curvas nunca se enderezaron, la sal nunca se escapó de los mares... y por mi vida han pasado naufragios, balas, heridas, alegrías, penas y emociones y, hoy, aquí, estoy escribiendo un poquito de esas memorias. ¿Por qué precisamente hoy escribo esto en lugar de estar por ahí celebrando? Pues muy simplemente, porque hoy se cumplen cuatro veces 22 años vividos por mí, y no he muerto en ninguno de los cuatro ciclos completados.

 

De modo que hoy yo miro hacia atrás a los recuerdos y me pregunto: ¿Acaso el chino Julio era vidente?... o simplemente una corazonada?... ¡Adivínelo usted! Pero, por favor, no me vaya a decir ahora que al cumplir yo 22 la quinta vez me muero. Porque si lo hace, va a tener razón con unos meses de error en la cuenta. Ciento diez es ya largo tiempo, y los videntes lo saben. Yo No.

 

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2010-06-04

 

 

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SE DICE DE LOS ESQUIMALES REGALAN LAS MUJERES Singladura Nro. 33

 

SE DICE DE LOS ESQUIMALES REGALAN LAS MUJERES

 

Singladura Nro. 33




Que una cosa y otra. Yo conozco un poquito acerca de las costumbres esquimales, yo viví entre ellos más de un año. La Internet está llena de informaciones de todo tipo sobre esos seres humanos primitivos, “incivilizados” que muchas gentes quieren y están logrando, “civilizar”. Lo primero que el hombre civilizado les lleva a los seres primitivos son las enfermedades venéreas, la historia está plagada de hechos más que bien documentados. A esto les siguen la envidia, la trampa, la mezquindad, la codicia, la miseria y el hambre, la religión impuesta y la política que nunca habían conocido y menos imaginado.

 

La primea vez que yo le mostré una Revista “Life” llena de fotos a una tribu Innuit, aquellas gentes deliraban al grito de “¡Avis, Avis!” la palabra danesa para decir “noticias”. Mucho se habla de un hecho que los exploradores y los que conocemos de eso no tocamos. Hoy yo voy a decir un poquito no ya de vivir en un igloo, de eso de dar y prestar la mujer. No todos los llamados “esquimales” (gente que come pescado crudo, es el significado) son iguales ni hablan las mismas lenguas. Lo que sí, todos, junto con los indios norteamericanos y los mayas tienen las mismas o muy cercanas características físicas. Pequeños, trabaditos, pieles oscuras aunque nunca ha estado en la playa, voces suaves y palabras breves, guturales los sonidos y una gran facilidad para sonreír inocentemente. Los esquimales, sean Inupiat, Inuvialuit, Aluiiq, Yupik, Naukanski, Chukchi, o Aleut, etc. Que pueblan el Ártico y todas las regiones, Canadá, Alaska, Siberia, Groenlandia, etc., y las Islas Aleutianas, son pequeños pueblos o tribus de familias, sus costumbres son similares, pero a lo largo de la historia ha habido entre unos y otros guerras y has cierto nivel antiguo de un poco de brutal canibalismo, del que todos prefieren callar. No voy a hablar de costumbres, artes, ni nada porque hay mucho a la vista; solo me interesa hablar de un mito, el de la prestada de la mujer.

 

Eso es no solo un mito callejero, es una total mentira. La esposa es sagrada para los esquimales, tocarle la esposa a un hombre es la única razón por la cual el esquimal es capaz de matar.

 

Los hombres Innuit y de las otras tribus pescan y cazan. Las mujeres solo tienen que masticar plumas para hacer chaquetas, botas y pantalones. Y esto requiere un artículo para responder a todas las preguntas que provoca. Los inuit son muy socializados en cierto modo, todo lo que se pesca o caza es para todos en la tribu. No hay jefe, hay ancianidad respetable y calidad de pescador que sirve de liderato en algo. Ahora tenemos una familia que tiene seis hijas en la casa, siete mujeres.

 

Empecemos por decir que la vida sexual del esquimal es lo que la naturaleza dicte. No hay diferencia en un perro, un ave o un hombre y una o más mujeres. Son bocas que mantener. Al extremo, cuando no hay pesca ni caza y el hambre cunde la comarca, es la mujer gorda la que recibe menos comida en la tribu, los flacos necesitan más.

 

Ahora llega un hombre que no tiene mujer y le dice a un padre deme una de sus hijas por esposa. Llévese las seis si quiere y puede mantenerlas. ¿Inmoral? No, solo realismo, el padre se alivia la carga si el otro acepta, que no es fácil, porque el joven no quiere esa carga.

 

En la mente de esas gentes no está vivo el tema sexo, porque esa es una función del cuerpo a la hora o como sea igual que los animales del bosque.

 

Ya sé; me van a preguntar ¿qué pasa si nace un hijo? Simple, si es varón otro cazador y pescador para la tribu, si es hembra otro juego de dientes para masticar pluma. Es la familia, eso sí, de otras tribus esquimales no pueden venir a buscar mujeres a menos que existan otras razones. Y si usted se acuesta con una o veinte mujeres esquimales, no es problema, solo no le toque la esposa a ninguno. Y usted puede hacerlo delante de todos que eso ni se mira, es igual que una bandada de aves o una de animales en la selva. No hay nada feo ni maldad ni vicio, sus virtudes están en la inocente actitud frente a sus vidas que las viven de acuerdo con su naturaleza.

 

 

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami-Fla..USA

2011-04-28

 

 

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ALMIRANTE DON GILBERTO. RESTROSPECTIVA.

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